Caminas por una playa salvaje al final del día. La arena está fría, el cielo está gris, maderas flotantes apiladas dibujan formas extrañas. Y ahí, entre los troncos blanqueados por la sal, un tío moreno en slip negro te mira de perfil. Luego se lo quita. Es exactamente el ambiente de esta serie firmada por David Ortube, con el muy seductor Julen Torres como único elemento cálido del paisaje.
Julen es el tipo de tío que no hace ruido pero que lo localizas inmediatamente. Moreno de pelo corto, barba recortada, rostro angular con un perfil de camafeo — el tío tiene una cara. Su cuerpo está tonificado sin estar trabajado en exceso: hombros bien definidos, un torso ligeramente peludo que dan ganas de sentir contra uno, un vientre plano que baja hacia un pubis natural, y muslos sólidos plantados en la arena. Desprende esa virilidad tranquila de los tíos que no tienen nada que demostrar. Camina desnudo por las dunas con los brazos abiertos, como un tipo que acaba de dejarlo todo — trabajo, ropa, convenciones — y que por fin respira.
Y luego está esa foto. Aquella donde Julen está tumbado boca abajo en la arena, completamente desnudo, con guijarros colocados a lo largo de su columna vertebral. Su buen culo está ahí, redondo y firme, ofrecido a la luz rasante y al mar difuso detrás de él. Es el tipo de imagen que te deja clavado en el sitio. El tipo de imagen que hace que hagas zoom, que vuelvas, que te la quedes. Toda su espalda musculosa se dibuja en el grano de la película, sus omóplatos, la curva de sus riñones, la redondez perfecta de sus nalgas musculosas. Es carnal y contemplativo a la vez — como una fantasía que se tomara su tiempo.
David Ortube es diseñador gráfico y fotógrafo establecido en Donostia-San Sebastián, en el País Vasco español. Dispara exclusivamente en película y sus retratos masculinos se publican en revistas como PNPPL zine. Su enfoque es orgánico, minimal: sin retoque, sin artificio, solo un modelo, un paisaje y luz natural. El blanco y negro analógico hace el resto — le da a la piel de Julen esa textura viva, casi táctil, que hace mucha falta en las fotos digitales lamidas. Las dunas, la madera flotante, el horizonte brumoso: todo recuerda a una película de autor español donde el héroe acabaría desnudo al borde del agua en algún momento u otro.
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Fotos: David Ortube

















