Hay tipos que posan desnudos. Y hay tipos que viven su desnudez. Yazan claramente pertenece a la segunda categoría. Este joven de origen palestino afincado en Ámsterdam se deja fotografiar en blanco y negro sobre una meridiana bordada, en un apartamento que huele a parquet antiguo y a tardes en las que no sales de la cama. El resultado es de una sensualidad brutal.
Físicamente, Yazan es una mezcla que hace girar cabezas: rizos negros apretados, una piel morena sublimada por el grano de la película, un rostro fino de rasgos cincelados, y un cuerpo delgado pero definido, todo en longitud. Sus abdos marcados resaltan con cada torsión del torso, sus hombros son anchos sin ser masivos, y cuando se estira en esa chaise longue como un gato al sol, ves cada músculo trabajar bajo la piel. Lleva un tatuaje en el antebrazo que añade justo lo que hace falta de carácter al conjunto. Y su culito precioso que se adivina en ciertas poses —redondo, firme, perfectamente proporcionado— termina de hacer esta serie completamente adictiva.
Lo que hace estas fotos tan especiales es la elección del fotógrafo vasco Jon Ariza De Miguel de disparar exclusivamente en película, sin ningún retoque. Basado entre Zarautz en el País Vasco y La Haya en los Países Bajos, Jon es ingeniero de profesión y fotógrafo por pasión. Sus retratos se publican en revistas como KALTBLUT, Tale of Men o PNPPL zine. Lo suyo es el retrato masculino crudo, sin filtros, con esa textura granulosa del film analógico que le da a la piel una profundidad que lo digital nunca alcanzará. Aquí, cada grano de la película acaricia el cuerpo de Yazan como te gustaría hacerlo tú.
El decorado no es casualidad. Esta meridiana de tela brocada, estas ventanas francesas, este marco de apartamento burgués europeo —todo evoca los desnudos clásicos de la pintura, un Caravaggio versión siglo XXI. Yazan se tumba, se arquea, se extiende con una naturalidad total. Los picados y contrapicados de Jon recortan su cuerpo en fragmentos deseables: un torso marcado por la luz, muslos finos separados sobre el apoyabrazos, una pelvis ofrecida sin pudor. Su polla relajada está ahí, natural, tranquila —como el resto de él. Sin provocación forzada, sin poses fabricadas. Solo un tío bueno desnudo que sabe que está bueno y se toma su tiempo.
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Fotos: Jon Ariza De Miguel








