Chad Calwell-Soliman: la intimidad ardiente de un hombre en su torre

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Todos hemos fantaseado con el vecino de enfrente. Ese al que pillamos a través de las cortinas, con la luz de la mañana, el cuerpo apenas cubierto — o directamente sin nada. Con esta serie firmada por Ricardo Araújo, esa fantasía cobra vida ante nuestros ojos. Y el vecino en cuestión se llama Chad Calwell-Soliman.

Chad es el tío viril por excelencia. Mandíbula marcada, mirada intensa, un cuerpo seco y definido cubierto de vello justo en su punto. El tipo de belleza bruta que no busca gustar pero que atrapa al instante. Y estas fotos lo muestran exactamente como nos gustaría sorprenderlo: desnudo, recostado, en la intimidad de un apartamento en altura con el skyline de fondo.

La serie juega con dos ambientes complementarios. Primero, las tomas junto a la ventana — ese juego con los visillos translúcidos, los contraluces, las siluetas recortadas contra los rascacielos. Es voyeurismo puro, elegante, cinematográfico. Chad está sentado en el alféizar, desnudo, con la mirada perdida hacia la ciudad, como si no supiera que lo observan. Es terriblemente excitante. Luego llega la segunda parte, en el sofá. Todo cambia. El blanco y negro alterna con el color, el encuadre se cierra, la intimidad se vuelve frontal. Chad se entrega al objetivo sin pudor, tumbado, una mano deslizada entre los muslos, la mirada fija en nosotros. Pasamos de voyeur a invitado.

Lo que nos encanta de este shooting es esa tensión entre lo refinado y lo crudo. Ricardo Araújo domina a la perfección el arte del claroscuro y la luz natural para sublimar un cuerpo masculino sin caer jamás en lo vulgar. Hay una auténtica sensibilidad artística, casi pictórica, en la forma en que la luz acaricia los relieves del torso de Chad, dibuja sombras sobre sus abdominales y juega con el reflejo de su rostro en el espejo del baño.

Y hablemos de esa foto en el espejo. Resume por sí sola toda la fuerza de esta serie: un hombre frente a sí mismo, desnudo, sin filtro, en la verdad más absoluta. Hay algo profundamente homoerótico en esa relación con el propio reflejo — esa contemplación del cuerpo masculino por el cuerpo masculino. Es un tema querido por la fotografía gay, de Pierre et Gilles a Steven Klein, y Ricardo Araújo lo aborda aquí con una precisión notable.

Chad Calwell-Soliman, no nos vamos a engañar, es un auténtico partidazo. Id a ver su perfil @kingofmakati en Instagram, y el del fotógrafo Ricardo Araújo. Y decidnos: ¿es el tipo de vecino que os gustaría tener, o no?

Fotos: Ricardo Araújo | Modelo: Chad Calwell-Soliman

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