Hay un tipo de tíos que me hace perder la cabeza más rápido que otros, y son los rubios auténticos de pelo rubio. No el rubio ceniza filtrado para Insta, no el rubio descolorido de unas mechas de fin de mes. El rubio natural, dorado, que parece haber visto el sol todas las mañanas de su vida. Nathaniel Taplin es su encarnación plena y total.
El tío tiene una melena rizada color miel quemada, ese tipo de rizos que parecen salidos de un mal surf en la playa y que caen sobre la frente con cada movimiento. Si alguna vez has pasado un verano en el Mediterráneo, sabes cómo va esto: los rubios siempre vuelven más dorados que todos los demás, y ellos lo saben. Nathaniel posa con la desenvoltura del tío que nunca ha tenido que luchar para que lo noten.
Recuerdo una estancia en Sitges hace dos veranos. Bar de playa, mediodía, sol que pega, pido un café. A mi lado un tío rubio con exactamente este tipo de rizos se instala en bañador. Treinta segundos después, dos tíos le traen cócteles sin que haya pedido nada. Eso es el poder tranquilo del rubio rizado. Nadie se le resiste, y él no finge ignorarlo. Nathaniel pertenece a esa tribu.
En cuanto al físico: tío seco y musculado, para nada culturista. Los hombros definidos, unos abdominales que se encadenan sin haberse molestado en aceitarlos, un torso lampiño justo como debe ser, y un culo redondo dorado que termina perfectamente el cuadro. La piel de un rubio que ha vivido, con ese bronceado de surfista que recuerda que el tío no se pasa los días en una biblioteca. Más fantasía playera que fantasía discoteca parisina.
Detalle que me toca: mantiene un pubis natural, sin afeitar, en el tono rubio dorado del resto del cuerpo. Le da al plano central la coherencia de un auténtico rubio integral, y marca toda la diferencia — ¿quién no conoce la decepción del falso rubio con la parte de abajo más oscura que la de arriba? Aquí, todo está en el mismo registro. La constancia.
Pequeño momento que me hizo sonreír mientras navegaba: la serie en la cocina, el tío en calcetines blancos y delantal a rayas, el culo al aire, removiendo una cacerola como si nada. Es esa mezcla de domesticidad tranquila y desnudez normalizada lo que termina de convencerte. Todos tenemos un rubio rizado en mente, en algún momento de nuestra vida. Nathaniel Taplin se está convirtiendo en el mío.


































