Anthony Fuego tiene 26 años, y se tatuó su año de nacimiento en números romanos en la clavícula derecha: MCMXCIX. 1999. Cuando vi ese detalle pensé «ok, el chaval ha estudiado», y luego seguí bajando la vista y entendí que la cultura latina también consiste en saber poner todo lo demás en el mismo plano.
Porque en la foto que me enganchó, Anthony está de pie en una escalera blanca, completamente en pelotas, con las manos cruzadas sobre el bajo vientre — no para ocultar, sino para presentar. El tío tiene la piel color caramelo, pelo negro despeinado como recién salido de la ducha, un bigote fino que apenas empieza a espesarse, una perilla dibujada bajo el labio. Y un cuerpo delgado, liso, con los abdominales justos para que sepas que los tiene, sin necesidad de presumir de ello en su bio.
Lo que te deja flipando, y lo digo en serio, es el vello púbico. El chaval no se ha afeitado nada. Nada de «fade» recortado a cero, nada de «manscaping» dudoso. Un auténtico pubis negro, denso, que enmarca lo que hay justo debajo. Y justo debajo, precisamente, tenemos una polla semi-erecta, morena, que sujeta como quien sostiene un micrófono para anunciar el resto del programa. El programa me parece bien.
En cuanto a tatuajes, además del MCMXCIX en la clavícula derecha, tiene un pequeño motivo floral en el costado izquierdo (muy bien colocado para que mires en la dirección correcta cuando la vista baja) y una pequeña araña en el antebrazo. Es justo lo necesario para dar relieve a la piel, nunca demasiado para sobrecargarla. Anthony no juega la carta del sleeve completo. Prefiere colocar estratégicamente.
Generación 99, o la madurez tranquila de los jóvenes latinos
Hay algo que me llama la atención de esta nueva ola de latinos nacidos al final del siglo XX. Ya no tienen nada que demostrar. Nacieron en la época de MySpace, crecieron en Instagram, tienen casi veinte años de selfies a sus espaldas. Así que cuando se desnudan delante de una cámara, es sin ninguna vergüenza — pero también sin la menor arrogancia. Anthony posa como si acabara de salir del baño y hubiera respondido «vale» cuando le pidieron esperar treinta segundos en plan «ya voy».
El fotógrafo (firmado Batecrush) tiene el acierto de no pasarse. Fondo blanco, luz natural, escalera moderna, punto. Es casi como una agencia de casting, salvo que estamos ante contenido mucho más directo. La polla de Anthony Fuego se expone como un detalle adicional del DNI. Lo tomas o no lo tomas, pero la foto te mira sin pestañear.

















