No tiene nombre, pero no lo necesita. Este guapo anónimo nos transporta a una atmósfera solar, cruda e íntima. Torso marcado, mirada tranquila, vaqueros entreabiertos dejando asomar un Calvin Klein… y luego, nada. A la sombra de un balcón o tumbado en el sofá, deja caer sus barreras como su pantalón vaquero.
Es la fantasía del vecino discreto, del chico relajado que uno se cruza sin saber… y con quien uno sueña ir más allá.













